domingo, 19 de febrero de 2012

La conjura de los libreros

Por Roberto Di Vita*

(Resistencia de los libreros ante las multinacionales del libro.)

CAPITULO 25


Resumen: Los libreros de alma (no todos o todas) que luchan contra las multinacionales del mercado editorial, se solidarizan con los escritores comprometidos de la humanidad.


Abrieron otra puerta y sólo pudieron observar un escritorio y una computadora. Miraron a través de una ventanilla y sólo divisaron un sofá y un perchero.
–Esta oficina es muy poca cosa para tan grandes anuncios –le dijo en vos alta, Pablo Silvina.
–Y con una sola computadora pretenden tener el negocio de las grandes editoriales? –contestó irónicamente Silvina.

–¡¡¡No crea!!! señorita, ésa es más que una computadora; tenemos toda la información de los libros y los libreros de la Argentina y de Sudamérica que necesitamos –les respondió desde sus espaldas una voz misteriosa que los hizo asustar.
–¡Hee...! Usted no estaba aquí cuando nosotros apretamos el timbre de entrada, la puerta estaba abierta y golpeamos las manos, para ver sí alguien nos atendía –contestó Pablo.
–Entré después de ustedes dos –le respondió la voz que tenía por dueño a ese personaje.
–Pero, ¡la puerta estaba sin cerrar!
–Habrá sido un descuido de mi socio, el señor Folinou... Pero, bien... Yo soy Charles Sket, para servirles...
–Venimos de parte del señor José, –¿José? ...– Singulario –se le ocurrió inventar un nombre a Silvina, de una librería que a veces compraba libros. Pablo la miraba sorprendido.
–¿José cuánto?... –meditó el tal mister Sket . –Ah , muy bien!, –les respondió el mister. No se preocupen, tenemos el teléfono de ese señor ¿José?... como el teléfono de varios libreros amigos suyos, nunca olvidamos un nombre.
–¿Cómo dijou que se llamaban ustedes?
–Pablo y Silvina, y estamos aquí de parte del librero, José Singulario –respondió sin titubear Silvina.
–Miren jovencitouus, tenemos que arreglar unos detalles con mi socio Folinou y de inmediato, lo vamos a llamar, como también vamos a llamar al otro librero, Carlous, de L&L y ahora no lo tomen a mal, pero debo retirarme, sólo regresé para buscar una dirección que tengo en la computadora y debo marcharme rápidou.
–Bien, nosotros nos vamos –dijo Pablo
–Muchas gracias, jovencitous, avisen al señor José, que no nos olvidaremos de él, Nosotrous, ¡nunca nos olvidamos de nadie! ¡Buenas tardes jóvenes!

Y sin estrecharles las manos, casi los empujó hacia el ascensor del pasillo...

Continuará - Derechos Reservados


*Escritor

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