sábado, 23 de julio de 2011

Historia Nuestra

El pacto de Olivos
y la reforma constitucional

Con el poder en manos del presidente justicialista, Carlos Menem, la UCR inició una estrepitosa caída en las encuestas y en las elecciones parlamentarias de 1991 y 1993 obtuvo el 29 y el 30 por ciento de los votos respectivamente.
Este escenario obligó a Alfonsín a renunciar a la presidencia de la UCR y a encarar el diálogo con Menem para encontrar una salida consensuada a las aspiraciones del riojano que pretendía reformar la Constitución para ir en busca de una reelección en 1995.
Pese a que fuertes figuras de la política radical se opusieron, el Pacto de Olivos fue un acuerdo nacido de las conversaciones secretas sostenidas por el Presidente en ejercicio Carlos Menem, y su antecesor Raúl Alfonsín, en casa del ex canciller Dante Caputo, por el cual ambos trataron de canalizar sus intereses: Menem quería continuar en el poder y Alfonsín, viendo que no podía impedir esa continuidad, buscaba poner freno a ese poder, que se volvía demasiado amplio. El pacto fue un arreglo entre cúpulas y reafirmó aún más el sistema bipartidista.
El Pacto se selló el 14 de noviembre de 1993. De este acuerdo, aprobado luego por la Convención Nacional de la UCR y por el Congreso del PJ, surgió que la oposición radical permitiría una nueva y única reelección presidencial, acortándose el mandato de seis a cuatro años y estableciendo la elección directa de Presidente y Vicepresidente, con un sistema de ballotage.
A cambio, el peronismo se comprometió a incluir en la Constitución Nacional la autonomía de la Ciudad de Buenos Aires, la creación de un Consejo de la Magistratura, la elección directa de los senadores, un senador por la minoría, de tres senadores por distrito, la extensión del período de sesiones ordinarias del Congreso de 4 a 8 meses, mecanismos para atenuar el sistema presidencialista, creando el cargo de jefe de Gabinete. Así como también la regulación de los decretos de necesidad y urgencia, la inclusión de los derechos humanos de tercera y cuarta generación, protección a los pueblos originarios, derechos del consumidor, ambientales y a la información, la validez de los tratados internacionales por sobre las leyes nacionales, la acción de amparo, la acción colectiva y los delitos contra la Constitución.
De acuerdo a este Pacto de Olivos, al que se agregó el “Acuerdo de la Rosada” del 13 de diciembre de 1993, se declaró la necesidad de reformar la constitución, y conforme a las pautas de la constitución vigente, el 10 de abril de 1994 se realizaron las elecciones de Convencionales Constituyentes.
En total estuvieron presentes 19 partidos políticos, con 305 miembros en total, bajo la presidencia del Presidente del Senado, Eduardo Menem (hermano de Carlos) siendo los más numerosos, los justicialistas, con 136 integrantes, y los radicales, con 75 representantes.
El proyecto de la Convención reunida en Santa Fe, fue presentado y aprobado sin modificaciones por la Cámara de Diputados y luego pasó al Senado, que no aceptó el acortamiento del mandato de los senadores.
La Constitución establecía que en caso de modificaciones el proyecto debía volver a diputados, pero eso no ocurrió y directamente pasó al ejecutivo, que lo promulgó como ley, bajo el número 24.309.
Entre el 25 de mayo y 22 de agosto de 1994, en las ciudades de Santa Fe y Paraná sesionó la Asamblea Constituyente, que introdujo modificaciones en las normas que rigen las relaciones entre los poderes de la Nación y las provincias y el establecimiento de nuevos derechos y garantías.
La nueva Constitución Nacional fue jurada el 22 de agosto de 1994.
En 1995, haciendo uso de la cláusula constitucional que permitía su reelección, Carlos Menem resultó elegido nuevamente presidente de la Nación por un 51% de los votos.

Prof. Isabel Rodríguez
La conjura de los libreros

Por Roberto Di Vita*


CAPITULO 18

(Resistencia de los libreros ante las multinacionales del libro.)

Resumen: Los libreros de alma que luchan contra las multinacionales del mercado editorial, se solidarizan con los escritores comprometidos de la humanidad.

Pasó una semana del último encuentro entre Pablo y Silvina, aquel que los llevó, luego de un choque casual de personas, hasta el bar Dorrego y a conversar por mucho tiempo de libros, música y la importancia de los pájaros en el corazón de las ciudades.

Primero fue el comentario de los libros que llevaba Silvina, los que había recogido Pablo del suelo luego del torpe encontronazo. Segundo el libro que llevaba Pablo y sus preferencias lectoras. Tercero los libros que había leído Silvina, Cuarto los libros que había leído Pablo. Quinto tema, la música que le gustaba a Silvina. Sexto la música que le gustaba a Pablo. Séptimo lo que más le gustaba a Silvina era la primavera y el mar. Octavo lo que más le encantaba a Pablo era el verano y las sierras. Noveno a Pablo le gustaba la nieve. Décimo a Silvina los bosques.

Pablo y Silvina tenían por ídolos a García Márquez, Saramago y Pablo Neruda. Pablo era hincha de Chacarita Júnior, legendario cuadrito de fútbol de Villa Crespo y San Martín; Silvina de Independiente los diablos rojos de Avellaneda. Pablo escuchaba a Silvio Rodríguez y a la negra Mercedes Sosa, Silvina también. Pablo llevaba en su haber, un recital de Rafael Alberti en persona, frente al teatro Cervantes. Silvina había conocido a Saramago en la Feria del Libro de Buenos Aires. Pablo estudiaba en la Universidad Tecnológica; Silvina en Filosofía y Letras, pero tenía algunas inclinaciones periodísticas.

A todo esto el viejo José había tenido un sueño, que soñaba a menudo en su librería y refugio; tal vez no era un sueño...

Derechos Reservados.(Continuará...)

*Escritor
Señorita Stella

Por Marta Rodríguez*

Había llegado el día tan esperado.
La titularidad como maestra de escuelas primarias, era la concreción de un sueño largamente esperado. El primer día de clase había llegado.
Se preparó con esmero, para ella era importante la primera impresión. Armó con minuciosidad la diagramación de sus clases. Todos los detalles, hasta los más pequeños, los había tenido en cuenta.
Su madre, como cuando ella era una niña, le alcanzó un paquetito con masitas de quaker. – No es más que por cábala – le dijo.
Las guardó en un rincón del portafolio; serían su talismán.
Parada delante del curso tuvo que hacer esfuerzos para reprimir el ahogo de la emoción intentando salirse del cauce.
Los recuerdos de su primer día de clases le pedían permiso para estar presentes; y ahí se veía ella, sentadita en el segundo banco junto a la ventana.
La señorita parada delante del escritorio, y ella sin quitarle los ojos la miraba extasiada.
La veía tan joven y bonita – ojalá sea mi señorita para siempre – pensó.
Respiró, al ver la expectativa y la ansiedad en las caritas de sus alumnos.
Los miró con ojos de luces encendidas y suavidad de alas de mariposas.
“Soy la señorita Stella, su maestra de primer grado inferior.”

Receta
Galletitas de Quaker

1 ½ taza de harina tamizada / 1 taza de azúcar / 1 cucharada de Royal / 1 cucharadita de sal / 2 tazas de Quaker / 75 gramos de manteca / ½ taza de agua

Se mezcla todo, se amasa, se estira fino, se cortan con un molde y se cocinan en una placa mantecada en el horno.

*Maestra cocinera y cuentista
04/03/2008
Las nuevas generaciones,
¿siguen leyendo?


*Por Guzmán Urrero

Dicen que el correo electrónico, los chats de Internet y las publicaciones en red demuestran que las nuevas generaciones siguen leyendo.
No son libros, pero… En fin, ya ven que, en este tiempo que nos ha tocado en suerte, preferimos destacar el menor de los males. Porque, seamos sinceros, a nadie le agrada pensar que el libro es un artefacto pasado de moda. De ahí que convenga hacerse unas cuantas preguntas: ¿La lectura sigue siendo un signo de prestigio social? ¿Cómo lograr que los adolescentes conserven el amor por los libros? ¿La afición a la lectura está destinada a extinguirse? ¿Y qué mundo nos espera con ello?
En uno de sus fragmentos más luminosos, Marcel Proust comprueba cómo, mientras la lectura sea “la iniciadora cuyas llaves mágicas nos abren en nuestro interior la puerta de estancias a las que no hubiéramos sabido llegar solos”, su desempeño en nuestra existencia resulta francamente saludable, pues viene a estimular lo más noble que hay en nosotros: el entendimiento, la fantasía y la razón; o por mejor decir: el don de la conciencia, donde resuenan todos los significados del mundo real y de los mundos posibles.
Dicho de otro modo: leer enriquece nuestro criterio, fomenta nuestros sueños y nos brinda un sinnúmero de vidas postizas que llenan los huecos de la nuestra.
En contraste, leer es para Proust un quehacer peligroso “cuando, lejos de iluminar nuestra espiritualidad, la suplanta, tornándose un simulacro carente de sentido y de valor; o cuando la verdad no se ofrece a nuestros sentidos como un ideal inalcanzable por nuestro pensamiento y nuestra voluntad, sino como un concepto material, “abandonado entre las hojas de los libros como un fruto madurado por otros y que no tenemos más que molestarnos en tomarlo de los estantes de las bibliotecas para saborearlo a continuación pasivamente”. Nos basta con seguir la pauta del escritor francés para advertir hasta qué extremo el de lector es un oficio prescindible en la identidad de muchos de nuestros contemporáneos.
El pensamiento gregario –hacer lo que la mayoría hace, sin distinguirse del resto– disipa la individualidad, aunque ello parece importarle poco a ese creciente segmento de la población que se complace en sí misma ante la pantalla televisiva, lejos, muy lejos de esa tentación anacrónica que llamamos lectura.
Hablan últimamente los analistas de este ocaso, y repiten que, a pesar de un tiempo de ocio cada vez más generoso, el lector actual tiende a prestigiar otros pasatiempos por encima de la bibliofilia. Entre los jóvenes, un videojuego en red es mucho más atrayente que un libro.
Se dice que el lector moderno es desatento, fragmentario e impulsivo. Carece de paciencia para acabar el libro que adquiere, y a veces incluso se conforma con hojearlo.
De hecho, si bien el negocio editorial disfruta de unas ventas en línea creciente, parece claro que sus consumidores acumulan volúmenes que no leen, o que no alcanzan a leer del todo, transformándolos así en ornato prestigioso o en simple referencia que quizá nunca lleguen a consultar.
Por todo ello, y en particular para no resultar apocalípticos, pensemos hoy en esas bibliotecas llenas de ejemplares como un foco de cercano afecto, imprevisible en la gama de placeres que puede causar a quien, de cuando en cuando, compruebe los índices de un volumen concreto y luego quede absorto en sus primeras páginas.

*Periodista, crítico
y escritor español

miércoles, 15 de junio de 2011

Se vino el invierno

Dejamos atrás el otoño, y el invierno llega exactamente el martes 21 de junio a las 17:17 produciéndose así la noche más larga del año, y el día más corto.
Los solsticios marcan el cambio de estaciones, siendo los dos puntos en los que la Tierra se encuentra más "chueca" respecto de los rayos solares. En ellos el Sol está en el punto más lejano al que puede llegar respecto de la tierra. Debido a que en esta fase el Sol pareciera que "se detiene" en su movimiento, y que apenas mueve su declinación de un día a otro, los astrónomos griegos bautizaron este fenómeno como "sol quieto", o "sol inmóvil", que se tradujo al latín como "silstitium" y al castellano como "solsticio".
En los solsticios, los rayos solares llegan a los límites máximos que pueden alcanzar. Caen en forma vertical al norte y sur del Ecuador, sobre los trópicos. El 21 de junio, cuando los rayos caen directamente sobre el trópico de Cáncer (norte), se produce el Solsticio de invierno en el Hemisferio Sur. Es el día más corto y la noche más larga del año.
A partir de este solsticio, en nuestro hemisferio la noche irá disminuyendo diariamente en un minuto, lo que irá haciendo "crecer" el día en la misma proporción, hasta que el 21 de septiembre se produzca el equinoccio, con el sol sobre el trópico de Capricornio, que da paso a la primavera. Para los pueblos indígenas originarios, tales como aimaras, quechuas, rapanui y mapuches, la llegada del solsticio de invierno coincide con la tradición de agradecer por el año anterior y pedir al padre Sol que retorne con mayor fuerza luego de su retiro invernal.
Se trata del Año Nuevo que se denomina "machac mara" para los aimaras, "inti raymi" para los quechuas, "aringa ora" para los rapanui, y "we tripantú" para los mapuches.
La visión indígena se basa en que desde el 21 de junio el progresivo desplazamiento del Sol hacia el sur da inicio a un nuevo ciclo de vida, y de la relación armónica del hombre con la naturaleza, además de que comienza un nuevo ciclo astronómico y agrario.
El solsticio de invierno se celebra de muchas formas, como el Inti Raymi en la Puna. En todo lo que fuera territorio del antiguo Imperio Inca, a tradición se ha mantenido a lo largo de los siglos.
La celebración de la Pachamama en una noche corta y extremadamente dura en las alturas de los Andes americanos, concentra el fervor de los habitantes de los pequeños pueblos. Para los pueblos de la Puna, a más de 2500 metros de altura sobre el nivel del mar, la fecha es por demás especial, porque marca el inicio de un nuevo año solar y comienzan las celebraciones y ofrendas para esperar al Tata Inti (Padre Sol) en la ceremonia conocida como el Inti Raymi (Fiesta del Sol).
Llegado el momento, el encargado de llevar el ritual se prepara para abrir la tierra en el sitio específico en el que se concentrarán las ofrendas y el sacrificio de una llama y su corazón al Tata Inti.
Las ofrendas a la tierra consisten en chicha, bebidas alcohólicas, cigarrillos y lo que la tierra provee Se ofrece también el sacrificio de una llama La sangre del animal es alimento de la tierra y una mujer toma el corazón de la llama, literalmente, lo eleva al cielo y lo ofrece a la Pachamama.
La celebración del Inti Raymi se realiza en todo el corazón andino de América, en algunos lugares con gran despliegue y pompa, a la vieja usanza cuando el Inca gobernante era quien dirigía el ritual del solsticio de invierno.