lunes, 15 de febrero de 2010

LA ALDEA IMPOSITIVA
Ya se está en vigencia el “CETA”
*Carla Baiardi Moreno

El “CETA” es el nuevo sistema de información obligatorio para la compra-venta de automotores usados
Desde el 1º de enero de 2010 entró en vigencia una nueva reglamentación de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), la RG 2729/09 establece un nuevo régimen de información para la venta de automotores y motovehículos a través de la generación del Certificado de Transferencia de Automotor (CETA), con el cual se espera una mayor transparencia en las transacciones en el mercado automotor.

¿Qué es el “CETA”?

El CETA es el Certificado de Transferencia de Automotores que deberán solicitar las personas físicas, las sucesiones indivisas y personas jurídicas, del país o residentes en el exterior, con relación a la transferencia de automotores. Quedan excluidas las maquinarias (agrícolas, tractores, cosechadoras, grúas, máquinas viales y todas aquellas que se autopropulsen) y motovehículos, usados radicados en el país, de los cuales sean titulares de dominio.
El titular o condómino (vendedor) deberá obtener el CETA con carácter previo a la realización de los actos de transferencia, quedándose con una copia y entregando otra al comprador para que pueda tramitar la transferencia de la unidad. El comprador queda obligado a exhibir el CETA al encargado del Registro automotor en oportunidad de proceder a formalizar su inscripción registral.
En una primera etapa, de acuerdo a las disposiciones del Gobierno Nacional a través de la AFIP, la confección del formulario se ha establecido como obligatoria para la transferencia de vehículos con valores superiores a los 50 mil pesos.
Luego se irá extendiendo progresivamente: primero a vehículos con tasación fiscal igual o superior a 40 mil pesos (a partir del 1º de mayo) y luego a las unidades con tasación fiscal igual o superior a 30 mil pesos (a partir del 1º de agosto).

*Contadora
Estudio Baiardi,
Moreno & Asociados
15-3195-4321

LA ALDEA DE LA RECETA- CUENTO
Lluvia y panqueques
Por Marta Rodríguez*

El aire sofocaba y, para colmo de males, hacía varias horas que la heladera era un reservorio de bebidas tibias y manteca derretida; amén de otros males.

Por la ventana de la cocina que mira al oeste, veía avanzar un frente de nubarrones.

El aire era ligero queriendo ser ventoso.

En pocos minutos todo oscureció. Corrimos a cerrar puertas y ventanas. El temporal desató sus amarras sin piedad. Fueron varios minutos bellos a pesar de lo sombrío. Luego las nubes negras y los vientos buscaron otros puertos, y la lluvia se instaló: llovió, llovió y llovió.

La luz seguía sin dar el presente. El calor había menguado, y los tres imberbes de la familia sin encontrar que hacer, hacían un aquelarre imposible de aguantar; ahí fue cuando hice la pregunta del millón: ¿ quieren que les haga panqueques con dulce de leche?

La magia se hizo presente. El trío colaboró acercando los materiales.

La mesa fue una fiesta y la luz regresó cuando comenzamos a preparar las velas.

Receta

Panqueques

Batir dos huevos más ½ cucharadita de sal. De a poco añadir 250 gramos de harina tamizada, intercalando con aproximadamente 500 cm3. de leche o agua o mitad y mitad. Por último una cucharada de manteca bien derretida. Debe quedar una mezcla homogénea.

*Maestra cocinera

y cuentista

08/02/2010


LA ALDEA DEL HUMOR
Las 10 frases más peligrosas de una mujer
(Una ayudita para los hombres)

1) BIEN: esta es la palabra que usan las mujeres para terminar una discusión cuando creen que tienen la razón y que vos tenés que callarte.

2) CINCO MINUTOS: si la mujer se está vistiendo, significa media hora. Pero si no se está cambiando y vos estás jugando a la playstation o viendo el partido y tenés que salir con ella o hacer otra cosa que ella quiere, son sólo 5 minutos..

3) NADA: La calma antes de la tempestad. Siempre quiere decir algo… y deberías estar alerta. Discusiones que empiezan con NADA, normalmente terminan con BIEN (ver punto 1).

4) HACÉ LO QUE QUIERAS: es un desafío, no un permiso. Ni se te ocurra hacerlo. En serio.

5) GRAN SUSPIRO: es como una palabra, pero no verbal. Muy a menudo los hombres no lo saben interpretar. Un GRAN SUSPIRO significa que ella piensa que sos un idiota y se pregunta por qué está perdiendo su tiempo peleando con vos discutiendo sobre NADA (ver punto 3).

6) OK: Es una de las palabras más peligrosas que una mujer puede decir a un hombre. Significa que va a pensar cuidadosamente antes de decidir cómo y cuándo hacértelas pagar.

7) GRACIAS: si una mujer te agradece, no hagas preguntas, quiere sólo dar las gracias. Pero espera al menos un DE NADA.

8) COMO QUIERAS: es el modo sutil de la mujer para expresar "¡andá a cagar!" o "me tenés harta"... De alguna manera, va a lograr que termine siendo como ella quiera.

9) NO TE PREOCUPES QUE YO LO HAGO: otra frase peligrosa. Significa que desconfía de la capacidad del hombre para realizar la tarea y prefiere hacerlo ella misma. Pero de ninguna manera es un acto de bondad.

10) ¿QUIEN ES?: Léase ¿QUIEN ES ESA MINA Y QUE CARAJO QUIERE CON VOS?

Ojo muchacho con lo que contestás, ¡¡casi ninguna respuesta es aceptable!!

viernes, 8 de enero de 2010

Sandro, querido

Un día de 1969, en la casa de un niño de 13 años apareció sobre el “combinado” (una suerte de tocadiscos con radio en un mueble gigante), un disco que hacía furor en la época: “Sandro de América”.

Si bien los gustos musicales del púber se iban alejando del ya “viejo” “Club del Clan”, con esa música comercial y pegadiza, y su gusto se iba volcando cada vez más hacia la “música progresiva” (luego “rock nacional”), Beatles y otras alternativas más osadas, al poner el “larga duración” en el aparato, algunas canciones le gustaron. Sobre todo sintió esa pasión puesta en forma de voz impostada a lo “falsete” de ese señor de pelo renegro y nariz aguileña.

Así se lo veía al hombre en la tapa del imbatible “long play”, con cara de circunstancia (romántica), su cabeza apoyada en sus manos y una polera verde inconfundible.
Unos meses antes (o después), ese pibe había ido con la barra del rioba a ver al cine “Urquiza”, en Caseros, sobre todo a instancias de las chicas del barrio, “Quiero llenarme de ti”, la primera película masiva del ídolo, ahora, de América. El cine se “caía” de gritos, llantos y aullidos femeninos.

Cada noche, una vez por semana, el pibe también lo admiraba silenciosa y ceremonialmente en un programa musical de TV dirigido por Silvio Soldán que existía en canal 9, el viejo canal de Alejandro Romay, donde aparecía, aún en blanco y negro, (no existía todavía la tele color en estas pampas), el “gitano”. Ahora, ya no como el rockero fogoso y contorsionante con “Los de Fuego” en los “Sábados circulares” de “Pipo” Mancera, sino como un cantante romántico al estilo de Charles Aznavour o Gilbert Becaud.

El estilo suave y moderado ahora, no evitaba por momentos esas miradas intensas, el particular movimiento de las manos y algún movimiento sensual y pélvico a lo Elvis Presley al calor de “Rosa, Rosa”, uno de los temas más populares, o “Tengo” o “Una muchacha y una guitarra”.

Con el paso de los años, el gusto del adolescente por el “gitano” se fue opacando en un sentido. No porque no le gustara, sino porque no estaba bien visto (el “qué dirán” pesaba mucho más que ahora) que un “rockero” anduviera con esos discos “mersa” o “grasa” bajo el brazo, al lado de los de Spinetta o la Pesada del Rock&Roll. Sin embargo, el chico nunca dejó de escucharlo, sobre todo, cuando algún enamoramiento adolescente aparecía por ahí, y no había nada mejor para soñar e inspirarse que las canciones del hombre del smoking, patillas largas, labios gruesos y pantalones “oxford”.

Muchos años después, en los '90, la sorpresa de ese pibe, ahora señor adulto, fue doble. Una, por la pasión hacia el cantante con que alguna de sus compañeras de trabajo, llamada “Rosa”, que no se perdió casi ningún recital en el Luna Park y en el Gran Rex, donde Don Sánchez mostró todo su arte en su etapa madura. Y otra, cuando el querido Norberto “Pappo” Napolitano, el gran rockero, sin ambages, confesó su admiración por el “gitano” de América.

El lejano adolescente se sintió “hecho”. Los prejuicios de aquellos rockeros y no pocos intelectuales habían sido derrotados por la autenticidad del cantante e ídolo popular, y también, por su valor como ser humano, levantándose hoy a puro aplauso para homenajearlo en su partida.

Sandro ya nos pertenece a todos. Su arte siempre nos volverá a “llegar” cuando algo del romanticismo y el amor otra vez ronde por nuestro plexo solar. ¡Gracias, Roberto! R.S.
LA ALDEA REFLEXIVA

La aventura del
Conocimiento

Por Alejandro Dolina*


La velocidad nos ayuda a apurar los tragos amargos. Pero esto no significa que siempre debamos ser veloces. En los buenos momentos de la vida, más bien conviene demorarse. Tal parece que para vivir sabiamente hay que tener más de una velocidad. Premura en lo que molesta, lentitud en lo que es placentero. Entre las cosas que parecen acelerarse figura -inexplicablemente- la adquisición de conocimientos.
En los últimos años han aparecido en nuestro medio numerosos institutos y establecimientos que enseñan cosas con toda rapidez: "....haga el bachillerato en 6 meses, vuélvase perito mercantil en 3 semanas, avívese de golpe en 5 días, alcance el doctorado en 10 minutos.....”
Quizá se supriman algunos.... detalles. ¿Qué detalles? Desconfío. Yo he pasado 7 años de mi vida en la escuela primaria, 5 en el colegio secundario y 4 en la universidad. Y a pesar de que he malgastado algunas horas tirando tinteros al aire, fumando en el baño o haciendo rimas chuscas. Y no creo que ningún genio recorra en un ratito el camino que a mí me llevó decenios.
¿Por qué florecen estos apurones educativos? Quizá por el ansia de recompensa inmediata que tiene la gente. A nadie le gusta esperar. Todos quieren cosechar, aún sin haber sembrado. Es una lamentable característica que viene acompañando a los hombres desde hace milenios.
A causa de este sentimiento algunos se hacen chorros. Otros abandonan la ingeniería para levantar quiniela. Otros se resisten a leer las historietas que continúan en el próximo número. Por esta misma ansiedad es que tienen éxito las novelas cortas, los teleteatros unitarios, los copetines al paso, las "señoritas livianas", los concursos de cantores, los libros condensados, las máquinas de tejer, las licuadoras y en general, todo aquello que no ahorre la espera y nos permita recibir mucho entregando poco.
Todos nosotros habremos conocido un número prodigioso de sujetos que quisieran ser ingenieros, pero no soportan las funciones trigonométricas. O que se mueren por tocar la guitarra, pero no están dispuestos a perder un segundo en el solfeo. O que le hubiera encantado leer a Dostoievsky, pero les parecen muy extensos sus libros. Lo que en realidad quieren estos sujetos es disfrutar de los beneficios de cada una de esas actividades, sin pagar nada a cambio.
Quieren el prestigio y la guita que ganan los ingenieros, sin pasar por las fatigas del estudio. Quieren sorprender a sus amigos tocando "Desde el Alma" sin conocer la escala de si menor. Quieren darse aires de conocedores de literatura rusa sin haber abierto jamás un libro.
Tales actitudes no deben ser alentadas, me parece. Y sin embargo eso es precisamente lo que hacen los anuncios de los cursos acelerados de cualquier cosa. Emprenda una carrera corta. Triunfe rápidamente. Gane mucho "vento" sin esfuerzo ninguno. No me gusta. No me gusta que se fomente el deseo de obtener mucho entregando poco. Y menos me gusta que se deje caer la idea de que el conocimiento es algo tedioso y poco deseable. ¡No señores: aprender es hermoso y lleva la vida entera!
El que verdaderamente tiene vocación de guitarrista jamás preguntará en cuanto tiempo alcanzará a acompañar la zamba de Vargas. "Nunca termina uno de aprender" reza un viejo y amable lugar común. Y es cierto, caballeros, es cierto.
Los cursos que no se dictan: Aquí conviene puntualizar algunas excepciones. No todas las disciplinas son de aprendizaje grato, y en alguna de ellas valdría la pena una aceleración. Hay cosas que deberían aprenderse en un instante. El olvido, sin ir más lejos. He conocido señores que han penado durante largos años tratando de olvidar a damas de poca monta (es un decir). Y he visto a muchos doctos varones darse a la bebida por culpa de señoritas que no valían ni el precio del primer Campari. Para esta gente sería bueno dictar cursos de olvido. "Olvide hoy, pague mañana". Así terminaríamos con tanta canalla inolvidable que anda dando vueltas por el alma de la buena gente.
Otro curso muy indicado sería el de humildad. Habitualmente se necesitan largas décadas de desengaños, frustraciones y fracasos para que un señor soberbio entienda que no es tan pícaro como él supone. Todos -el soberbio y sus víctimas- podrían ahorrarse centenares de episodios insoportables con un buen sistema de humillación instantánea.
Hay -además- cursos acelerados que tienen una efectividad probada a lo largo de los siglos. Tal es el caso de los "sistemas para enseñar lo que es bueno", "a respetar, quién es uno", etc.
Todos estos cursos comienzan con la frase "Yo te voy a enseñar" y terminan con un castañazo. Son rápidos, efectivos y terminantes.
Elogio de la ignorancia: Las carreras cortas y los cursillos que hemos venido denostando a lo largo de este opúsculo tienen su utilidad, no lo niego. Todos sabemos que hay muchos que han perdido el tren de la ilustración y no por negligencia. Todos tienen derecho a recuperar el tiempo perdido. Y la ignorancia es demasiado castigo para quienes tenían que laburar mientras uno estudiaba.
Pero los otros, los buscadores de éxito fácil y rápido, no merecen la preocupación de nadie. Todo tiene su costo y el que no quiere afrontarlo es un garronero de la vida. De manera que aquel que no se sienta con ánimo de vivir la maravillosa aventura de aprender, es mejor que no aprenda.
Yo propongo a todos los amantes sinceros del conocimiento el establecimiento de cursos prolongadísimos, con anuncios en todos los periódicos y en las estaciones del subterráneo.
"Aprenda a tocar la flauta en 100 años". "Aprenda a vivir durante toda la vida"."Aprenda. No le prometemos nada, ni el éxito, ni la felicidad, ni el dinero. Ni siquiera la sabiduría. Tan solo los deliciosos sobresaltos del aprendizaje".

*Periodista. Escritor.