miércoles, 17 de marzo de 2010


LA ALDEA DEL HUMOR
Los psicoanalistas
"Todo chiste, en el fondo
encubre una verdad.”
Sigmund Freud


Los psicoanalistas No estudian, subliman. No tienen ocurrencias, tienen insight. No se equivocan, tienen actos fallidos. No cambian de idea, resignifican. No hacen disparates, despliegan su creatividad. No hablan, verbalizan. No conversan, puntualizan. No responden, interpretan. No dicen estupideces, asocian libremente. No se desahogan, hacen catarsis. No hablan por teléfono, se comunican de inconsciente a inconsciente. No son pesados, tienen una ligera compulsión a la repetición. No resuelven sus problemas, elaboran sus conflictos. No se enamoran, hacen transferencia. No padecen la crisis, están atravesados por el malestar. No tienen relaciones sexuales... liberan la libido...
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Dicen las mujeres que los efectos del psicoanálisis son más rápidos en los hombres porque cuando hay que remitirse a la niñez los hombres ya están allí.

Un paciente nuevo se recuesta confortablemente en el diván, el psicoanalista comienza la sesión:
–Como no conozco su problema, quizás sería importante que usted comience por el principio.
–Por supuesto –responde el paciente En el principio yo cree los Cielos y la Tierra...
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Pregunta: ¿Cuántos psicoanalistas hacen falta para cambiar un foco?
Respuesta: Uno. Pero el foco debe desear el cambio.
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Melancohólico = Adicto al pasado
Neurótico obsesivo: persona que se empeña en ser neurótica.
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Estaban un piromaníaco, un sádico y un masoquista conversando en una esquina... De repente pasa un gato y el piromaníaco dice:
–¿Qué tal si le echamos alcohol a ese gato y lo quemamos vivo?
–El sádico responde: ¡dale y después lo cortamos todo con una navaja y le damos patadas!
–Entonces el masoquista dice:
–Miauuuu...
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En el Congreso de psicoanalistas, uno le pregunta al otro:
–Cuando te angustias, ¿Te interpretas a ti mismo?
–No, no podría pagarme lo que cobro por consulta.


LA ALDEA DE LA RECETA – CUENTO


Llegaron visitas


Por Marta Rodríguez*


Era una de las tantas noches de verano: cielo claro, chicharras chicharreando, mosquitos en busca de protagonismo y mucha humedad.

Con mis dos hijas adolescentes solíamos, después de la cena, hacer sobremesa de mates y alguna confitura.

El comedor diario, lugar de la acción, tenía una ventana que daba a la terraza y una escalera angosta, que comunicaba con el patio de la Nona. La ventana y la puerta de la escalera, abiertas, eran artífices de una posible brisa reparadora.

Entre mate y mate vimos entrar como a Pancho por su casa a una regordeta y pequeña integrante de una familia de roedores, posibles habitantes de la casa abandonada lindante a la nuestra.

Como si fuese la estrella de un film de dibujos animados, movía el trasero como decía mi mamá: Para mí, para vos, para ninguno de los dos

No recuerdo, o no quiero recordar, quién fue la autora de la brillante idea: Vamos a gritar

Ahí, en ese instante, comenzó el jolgorio. Las dos femeninas menores de edad, profiriendo gritos de histeria, subieron a la mesa. Gritos y risas.

La pobre gordita huyó despavorida.

El timbre de entrada sonó con insistencia. La ventana, alcahueta alertó a Betty, nuestra vecina. Betty llamó a Luisa, otra vecina, y Luisa llamó a Oscar, otro vecino.

¿Qué ha ocurrido? preguntaban.

Lo acontecido era inexplicable.

La Nona nos dijo: ¡Qué bochorno!

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Receta

Esta vez no hay receta. La aprensión que provoca la inocente criatura, hija legítima de la natura, lo amerita.

*Maestra cocinera y cuentista

08/03/2010

lunes, 15 de febrero de 2010

Las mujeres arriba,
¿los hombres
abajo?

A simple vista, el título de esta nota puede ser una afrenta para los varones, así como una paradoja para muchas mujeres y una realidad para ambos. En síntesis, la idea es reflexionar sobre el tiempo que nos toca y acertar con un diagnóstico no absoluto.
En principio, a partir de la liberación femenina, desde el siglo anterior e impulsada en los ’60 y los ’70 por la píldora anticonceptiva, hablamos del mundo sobre todo occidental, y el ingreso masivo de la mujer al mundo del trabajo, a muchas les queda la pregunta: ¿hasta qué punto todo este avance significa hoy una verdadera liberación?
Por caso, el interrogante viene de esa mujer que, cansada de trabajar afuera de la casa, sobre todo de las clases medias para abajo, llega a la misma y sigue con las tareas hogareñas, mientras el varón de la casa, cómodamente, sobre todo si trabaja afuera, está mirando la tele o chateando en la compu.
Si bien, no se puede generalizar, esta imagen subsiste, así como en otros contratos de convivencia más democráticos quizá, se reparten más equitativamente las tareas, obviando claramente aquí, a quienes pueden pagar un servicio doméstico.
Al par, y ya no en la vida en pareja, están los millones de mujeres independientes que, tras una separación, divorcio o viudez, eligen, hoy más que nunca, qué hacer, cómo y con quien estar, si es que quieren estar, y cómo todo esto viene repercutiendo en el vínculo con los varones.
Al mismo tiempo de aquella irrupción en el pasado siglo XX de la mujer en el ámbito laboral hay que considerar la evidente reducción de la participación del varón en el mundo asalariado, y de los trabajadores en general, con la consecuente desaparición de función “proveedora” que antes estaba naturalizada. De hecho, ahora, vivir de trabajos circunstanciales, mal pagos, “changas” aquí, determina, realtivamente, un menor ingreso para ellos que el de ellas, en el caso en que ambos trabajen. Entonces, asimismo, cómo esto repercute, o no, en los vínculos y en los roles heredados por siglos.
La pregunta aquí es si esto es aceptado sin malestar por los nuevos tiempos o, si las ataduras del pasado impiden recontratar nuevas modalidades ante una realidad impuesta por este capitalismo global.
Volviendo al título de la nota: ¿ellas arriba y los varones abajo?
“Yo quiero un hombre a la par, aunque no seamos pares, lo necesito”, dice Alejandra, una mujer de 40 años que, aún separada, sigue buscando un “compañero” no concibiendo que éste esté “abajo” de ella.
Por otro lado, existen también mujeres que asumieron, queriendolo o no, porque las circunstancias se lo impusieron, el antiguo rol masculino de “hombre” proveedor autosuficiente, buscando, a sabiendas o no, alguien levemente “inferior” según su deseo. En este caso, las posibilidades de sostener el vínculo, aún los de “cama afuera” se achican: los varones, aún los menos machistas y “en baja”, no se someten al formato “ellas mandan”, y huyen sin más. Estas mujeres culpan de casi todo lo malo que les sucede, su propia soledad, a estos hombres, sin poder ver el ida y vuelta construido.
La pregunta sigue y las respuestas son múltiples y diversas, según el lugar que a uno le toca en la feria. Seguimos en una próxima.
Roberto Sánchez
Psicólogo Social
LA ALDEA COLECCIONABLE
Historia Nuestra
La crisis del Estado autoritario
La caída de Onganía - El “viborazo” - Levingston - Lanusse

Al comenzar la década del 70 fue tanta la tensión social, los estallidos sindicales de protesta y los golpes asestados por los grupos armados, que el gobierno militar tuvo que buscar una transición política para descomprimir la agitación popular. El 8 de junio de ese año rodó la cabeza del general Juan Carlos Onganía, y su último gesto fue instaurar la pena de muerte para actos terroristas y secuestros de personas.
Sin duda el hecho que precipitó la caída de Onganía fue la aparición pública de Montoneros en mayo de ese mismo año, con el secuestro y posterior asesinato del general Pedro Eugenio Aramburu, el 1º de junio.
La Junta de Comandantes en Jefe de las tres armas, integrada por Alejandro Agustín Lanusse, el almirante Pedro Gnavi y el brigadier Carlos A. Rey, asumió el poder político y declaró su adhesión al régimen democrático y representativo basado en los partidos políticos.
El 18 de junio, la Junta designó como presidente al agregado militar en la embajada argentina en Washington, el general de brigada Roberto Marcelo Levingston, que había sido jefe del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE) en los inicios del gobierno de Onganía.
Los cambios de rumbos en el gobierno militar tuvieron un objetivo claro, necesitaban tiempo para recomponer las alianzas económicas y políticas.
Levingston no logró aquietar la agitación social y política a pesar de proponer a través de su ministro de economía, Aldo Ferrer, un plan económico que aumentaba los salarios y protegía la industria nacional, mientras peronistas y radicales comenzaron a moverse sinuosamente forzando espacios de legalidad antes impensados.
Ferrer, economista de la CEPAL, no estuvo vinculado a empresas extranjeras, ni a organismos internacionales y sostuvo la necesidad de que el Estado liderara el proceso de desarrollo nacional, acotando la influencia de capitales extranjeros y aumentando el crédito para los pequeños y medianos empresarios.
A fines de febrero de 1971 Córdoba ardió nuevamente con movilizaciones obreras contra los despidos en las plantas automotrices, ocupaciones de fábricas y toma de rehenes. El gobernador militar de esa provincia, Bernardo Bas, se negó a reprimir por temor a repetir “el Cordobazo”. Levingston lo destituyó por considerarlo demasiado blando y nombró en su lugar al ex diputado conservador Camilo Uriburu, quien en su primer discurso calificó a las movilizaciones obreras como “una víbora a la que le cortaremos la cabeza”.
Este nombramiento provocó la reacción de una parte de la poblacion, y la CGT local convocó a un paro general y movilización, encabezado por Sitrac-Sitram, a la que la voz popular bautizó “Viborazo”.
La represión dejó un muerto y 258 heridos, y por primera vez las organizaciones obreras enarbolaron banderas de los grupos guerrilleros Montoneros, FAP, FAR y del ERP. Ante estos hechos, el flamante gobernador cordobés renunció.
Lanusse, comandante en Jefe del Ejército, solicitó la renuncia de Levingston, y el 23 de marzo de 1971 la Junta de Comandantes lo nombró al general Lanusse presidente de la República.
Lanusse estaba lejos de ser un demócrata, había participado en el intento de golpe de Estado de 1951, apoyó luego la llamada “Revolución Libertadora” y estuvo implicado en el golpe de Onganía. Sin embargo, era un hombre pragmático y con algo de visión política que entendió que ante el avance del sindicalismo clasista y combativo, la aparición de las organizaciones guerrilleras y el giro a la izquierda de vastos sectores de la clase media, Perón era un mal menor.
Por lo tanto concibió la idea de organizar una salida electoral que le permitiera entregar el poder de una manera lo más digna posible.


Prof. Isabel Rodríguez
LA ALDEA PANORÁMICA
“Todo mal”

La sensación térmica es un dato relativo a cómo la temperatura ambiente lo siente cada uno. Si de padece el calor, por ejemplo, y muchos, si escuchan un dato de sensación térmica superior al ambiente, y se lo creen, probablemente sientan mucho más calor. Según algunos especialistas, es tan difícil de determinar este dato como una generalidad que su valor es muy relativo.
Algo así pasa hoy en la Argentina. Para unos la situación actual es un infierno, mientras que para otros, ese infierno, lo pasan en algún lugar de veraneo.

Los índices diversos de la economía mejoran o se sostienen, y no sólo porque el cuestionado organismo oficial diga eso. Sin embargo, los medios monopólicos crean todo el tiempo una sensación de agobio.
Ciertamente el aumento del precio de la carne, de la que el gobierno no es el origen, pero sí podría intervenir, pone mal a millones de consumidores, sobre todo a los más humildes.

También, el último sainete protagonizado en enero pasado por el “chicago” o “golden” boy Redrado dio para mostrar la ahora inusitada defensa del interés por “los ahorros” de los argentinos que tiene el establishment. ¿Los ahorros, la estabilidad de la moneda o su interés por volver lo más pronto posible al poder antes que se cumpla el “desatino” del gobierno de querer pagar algo de la deuda para que no nos cobren luego 10 veces más tasa de interés al pedir préstamo que cubra presupuesto? Claro, ellos vienen por el bendito “ajuste”.

Asimismo, pagar deudas espurias nunca fue ni es simpático. Pero no es éste el desvelo de los señores del dinero. Esto desvela a cierta centro izquierda que ahora se “desayuna” un tanto sobreactuadamente aunque lamentablemente lo hace en el coro “institucionalista” de la derecha, dándose cuenta o no.

Claro que lo correcto es no pagar lo que no debemos y que se generó o se infló tramposamente, pero la pregunta ahora es: si el ladrón te apunta con un revólver para robarte, ¿no negociás, mientras pedís ayuda o juntás fuerzas para impedir el atraco?

Pero bueno, igual, se sigue intentando instalar en una minoría social acorralada y temerosa que está “todo mal”. Los índices de desocupación han bajado, millones se van de vacaciones, millones de amas de casa tienen una jubilación que en su vida hubieran soñado, hay tarifas subsidiadas, millones reciben una asignación universal por hijo, aunque, ciertamente, hay mucho empleo precario aún, sin embargo... “todo mal”.

Claramente, haber tocado ciertos intereses, como el negocio de las AFJP, el del fútbol o la Ley de Medios, ahora en suspenso y reclamada por el oficialismo, hace que los “perjudicados” no se queden quietos por este atrevimiento oficial.

La oposición, mientras, se divide todo el tiempo y no encuentra un líder acorde para 2011 y al gobierno, como que por momentos, le faltan cinco para el peso para afirmar con más contundencia el rumbo de un desarrollo independiente.

Sí, sí, los negocios de la compra de dólares por parte de los que tienen. Esto también es un tema. Pero, ¿el capitalismo acaso no son negocios puros e impuros? Dicho esto no para justificar actos reñidos con la ética no capitalista. Precisamente, los que gritan contra esto porque no resulta correcto hacerlo desde el poder ¡¡son los que más dólares han comprado y fugado hacia el exterior!! Datos en internet sobran, sólo hay que poner el buscador del Google.

Está bien, la “libertad” de prensa (de empresa en realidad) hace que los (in)comunicadores de adentro y de afuera ataquen a los personajes centrales, la presidenta y sus ministros, más no a sus ideas y proyectos. La idea es denigrarla e invisibilizarla lo más posible, como sentencia el periodista Ignacio Ramonet en relación a cómo se censura y se manipula hoy día desde los grandes medios aún en democracia.
La cuestión es producir el “impacto” sobre la audiencia, y tras el golpe, insitir, insistir, insistir hasta el cansancio hasta “convencer” de que la “realidad” no es lo que es, si no lo que se muestra en las pantallas con el mensaje monocolor absoluto.

Por ejemplo, canal 13 el pasado lunes 8 tituló sobre la operación de carótidas del ex presidente Kirchner: “La enfermedad del poder” (les faltó decir “viva el cáncer”, como cuando algún fanático desaforado antiperonista pintó en una pared en 1952 ese textro deleznable ante la enfermedad de Evita). En el noticiero comentado, un serio doctor periodista Nelson Castro daba “explicaciones” sobre esta “enfermedad”, el probable ACV de Kirchner, citando inclusive al gran Hemingway, mientras el señor Van Der Kooy y la señora Santillán asentían con cara de Biasatti. Le salió mal, Kirchner no tuvo ACV.

Lógicamente, el odio porque la presidenta puso en el tapete la denuncia de un ex socio del pulpo mediático por la evasión no clara de 300 millones de dólares, así como la investigación sobre el origen supuestamente no legítimo ni legal de los hijos adoptados por la señora Ernestina Herrero de Noble en la última dictadura, debían tener una respuesta acorde a su poder casi omnímodo.
La “crispación” atribuida por estos medios al oficialismo no siempre es producto de la descripción de un ente impoluto, si no de un deseo y quizá una proyección de su propia crispación por sus intereses afectados.

Mientras tanto, se siguen perfilando otra vez por lo menos dos grandes sectores en pugna para 2011.
Por un lado, los que quieren, o hacen creer que es necesario volver a un pasado neoliberal sepultado por la misma situación internacional de crisis de mercados con ajustes perpetuos.
Por el otro, quienes creen que este rumbo hay profundizarlo, y que el Estado debe intervenir cada vez más en la economía para repartir mejor la riqueza e incentivar las inversiones productivas, que respalde un modelo de independencia y soberanía ante la crisis mundial y relacionada con el proceso que vive Latinoamérica. R.S.